¿Se puede ser adicta a la marihuana?
Sí. La marihuana puede generar dependencia psicológica y deterioro funcional, especialmente con consumo continuado.
La adicción al cannabis es un trastorno en el que el consumo de marihuana deja de ser controlable y afecta la salud mental, el funcionamiento diario y la vida emocional. El THC puede generar dependencia psicológica, síntomas de abstinencia y, en algunos casos, agravar ansiedad o psicosis, lo que hace difícil dejar de fumar marihuana sin ayuda profesional.
El tratamiento del trastorno por consumo de cannabis combina desintoxicación supervisada y psicoterapia para reducir el deseo de consumir, prevenir recaídas y apoyar un proceso eficaz para dejar los porros de forma segura.

En muchos contextos, el consumo de cannabis está normalizado y se asocia con relajación, descanso o alivio del malestar emocional. Sin embargo, en algunas mujeres el uso de marihuana puede transformarse progresivamente en una forma principal de regulación emocional, generando dependencia al cannabis, bloqueo vital y efectos negativos sobre la vida personal, laboral y relacional.
En el Instituto MIA abordamos el tratamiento para la adicción a la marihuana desde una perspectiva clínica y con enfoque de género. Entendemos que la adicción es un trastorno, y que el problema no es únicamente la sustancia, sino la función que el cannabis ha adquirido en la vida de la persona. El tratamiento se orienta a crear un entorno seguro que permita dejar el consumo, estabilizar el sistema emocional y avanzar en un proceso de recuperación sostenido.
El consumo deja de ser ocasional cuando fumar marihuana pasa a ocupar un lugar central en la rutina diaria. Esto suele ocurrir cuando se utiliza el cannabis para dormir, reducir la ansiedad, desconectar emocionalmente o tolerar situaciones difíciles, y cuando dejar de consumir marihuana genera malestar psicológico relevante.
No siempre existe un consumo elevado ni consecuencias visibles al inicio. En muchos casos, el trastorno por consumo de cannabis se desarrolla de forma silenciosa, sostenida en el tiempo y difícil de identificar, incluso para la propia persona.


En mujeres, la adicción al cannabis suele estar atravesada por culpa, autoexigencia y una fuerte normalización del malestar. Es frecuente que consumir cannabis funcione como estrategia para regular la sobrecarga emocional, especialmente cuando existen dificultades para pedir ayuda o priorizar el cuidado personal.
Este patrón puede retrasar la percepción del problema y favorecer que el consumo se mantenga durante años sin reconocerse como una adicción, a pesar de los efectos perjudiciales acumulados.
Algunas señales frecuentes de dependencia y adicción incluyen:
Dificultad para reducir o abandonar el consumo
Necesidad de consumir para sentirse funcional
Aislamiento progresivo
Pérdida de motivación
Embotamiento emocional y sensación persistente de estancamiento

En algunas mujeres, el consumo de marihuana no aparece de forma aislada, sino combinado con alcohol, benzodiacepinas, hipnóticos u otros fármacos. Este policonsumo suele desarrollarse de forma progresiva y funcional, como una manera de regular distintos estados emocionales a lo largo del día.
La combinación de sustancias aumenta la complejidad clínica, ya que los efectos se potencian entre sí y pueden enmascarar síntomas de ansiedad, irritabilidad o alteraciones del sueño. En estos casos, dejar solo los porros sin abordar el conjunto del consumo suele intensificar la abstinencia y favorecer la recaída, haciendo necesario un tratamiento adecuado y supervisado.
Es frecuente que el uso de cannabis coexista con trastornos mentales como ansiedad, depresión, experiencias traumáticas o dificultades persistentes de regulación emocional. En estos casos, la marihuana puede haberse convertido en una forma de alivio frente a síntomas previos, dificultando la diferenciación entre la adicción y el problema de base.
Cuando existe una patología dual, tratar únicamente el consumo sin abordar la salud mental suele resultar insuficiente. La abstinencia al cannabis puede intensificar el malestar emocional y reforzar el deseo de consumir, por lo que el tratamiento debe integrar de forma simultánea la adicción al cannabis y los factores psicológicos asociados.


La desintoxicación de la marihuana no suele implicar riesgos médicos graves como otras sustancias, pero sí puede generar síntomas de abstinencia relevantes a nivel emocional y del sueño. Ansiedad, irritabilidad, insomnio, anhedonia y deseo intenso de consumir son frecuentes durante el proceso de dejar el cannabis.
En el Instituto MIA, la desintoxicación se realiza dentro de un programa residencial femenino, con contención clínica y apoyo psicológico diario. La duración suele situarse en torno a 21 días, aunque puede variar según el patrón de consumo, la presencia de policonsumo o trastornos de ansiedad asociados.
Esta fase permite iniciar el proceso de recuperación en un entorno protegido, sin acceso al contexto habitual de consumo, reduciendo abandonos precoces y preparando a la paciente para un trabajo terapéutico más profundo.
El ingreso comienza con una valoración médica, psicológica y psiquiátrica completa. Se analiza el consumo de cannabis, la función que ha tenido, la salud mental, el contexto relacional y posibles situaciones de vulnerabilidad.
Esta evaluación permite diseñar un plan de tratamiento individualizado desde el inicio.
El tratamiento se desarrolla en un centro residencial femenino, con separación por género y protocolos reforzados de privacidad y seguridad. La salida del entorno de consumo, el control estructurado de comunicaciones externas y la confidencialidad forman parte del enfoque terapéutico.
Este entorno facilita la estabilidad emocional y reduce estímulos que suelen desencadenar el consumo de marihuana.
La estancia media aproximada es de 4 meses. El programa se organiza por fases, avanzando desde la estabilización inicial hasta el trabajo terapéutico profundo y la preparación para el alta, adaptándose al ritmo de cada paciente.
La CBT permite identificar pensamientos automáticos asociados al consumo, modificar conductas y desarrollar estrategias para dejar de consumir cannabis y prevenir recaídas.
La DBT resulta especialmente útil cuando existe impulsividad, desregulación emocional o dificultad para tolerar el malestar sin recurrir a sustancias.
Cuando el consumo está vinculado a experiencias traumáticas, se integra EMDR dentro de un enfoque trauma-informed, priorizando la seguridad y el ritmo terapéutico.
ACT ayuda a sostener decisiones a largo plazo, incluso en presencia de emociones difíciles, y a construir una vida coherente con valores más allá del consumo.
Se integran elementos del modelo de 12 pasos de forma flexible y no moralizante, como apoyo complementario al tratamiento clínico.
El programa CANDIS se orienta a reducir el consumo, fortalecer la motivación para el cambio, desarrollar habilidades de afrontamiento y prevenir recaídas. Se aplica como parte del tratamiento integral, no de forma aislada.

El tratamiento en el Instituto MIA incorpora un enfoque integral que trabaja el sueño, la alimentación, la rutina diaria y la regulación del estrés como pilares clínicos para estabilizar el sistema nervioso y sostener la recuperación a largo plazo.
Las actividades de bienestar disponibles en el centro, como yoga, natación, masajes o acupuntura, se utilizan como herramientas terapéuticas complementarias, orientadas a mejorar la autorregulación corporal y la conexión con el propio cuerpo.
El retorno al entorno habitual es uno de los momentos más sensibles del proceso de recuperación. Sin una preparación adecuada, los mismos estímulos, rutinas y dinámicas pueden reactivar patrones de consumo que parecían superados durante el ingreso.
Por este motivo, en el Instituto MIA la preparación para el alta forma parte activa del tratamiento. Se trabaja de forma anticipada el riesgo de recaída, la identificación de situaciones de vulnerabilidad y la construcción de estrategias realistas para sostener los cambios fuera del entorno protegido.
Tras el alta, se ofrece continuidad terapéutica mediante aftercare, orientado a acompañar la reintegración progresiva y reforzar las herramientas adquiridas durante el programa residencial. Cuando procede, se facilita la conexión con recursos externos o grupos de apoyo como complemento.


El coste del tratamiento para la adicción a la marihuana varía según la duración del ingreso, la complejidad clínica y el nivel de intervención terapéutica que cada mujer necesita. No todos los casos requieren la misma intensidad de abordaje, y por eso el programa se ajusta al proceso real de cada paciente.
En el Instituto MIA, el presupuesto se establece tras una valoración clínica confidencial, que permite definir con precisión el tipo de tratamiento más adecuado. A partir de esa evaluación, se informa de forma clara sobre las opciones de pago disponibles y, cuando procede, sobre posibles coberturas de seguro sin añadir presión en un momento sensible.
El Instituto MIA es un centro de desintoxicación y tratamiento de adicciones orientado a mujeres, personas trans con identidad femenina y personas queer/no binarias de orientación femenina. Nuestro modelo se basa en separación por género, privacidad extrema y protocolos de seguridad adaptados a situaciones de vulnerabilidad.
Este entorno protegido permite realizar un tratamiento profundo de la dependencia al cannabis, sin la presión del contexto habitual ni el estigma de espacios mixtos. Si deseas dar el primer paso a tu recuperación, contáctanos para una consulta sin compromiso.
Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) – Entienda su riesgo de presentar trastorno por consumo de cannabis
Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) – El Cannabis y la Salud Mental
Universidad Católica de Cuenca – Terapia cognitivo conductual como tratamiento para el consumo de cannabis en adolescentes
Journal of Drug and Alcohol Dependence – CANDIS treatment program for cannabis use disorders: findings from a randomized multi-site translational trial
Sí. La marihuana puede generar dependencia psicológica y deterioro funcional, especialmente con consumo continuado.
La duración media es de aproximadamente 4 meses, ajustándose a cada caso.
Está indicado cuando el consumo no se puede controlar en el entorno habitual o existe riesgo de recaída.
Sí. La abstinencia de cannabis suele manifestarse a nivel emocional y del sueño, dificultando dejarla sin apoyo.
Los intentos previos fallidos indican que puede ser necesario un tratamiento efectivo, estructurado y acompañado.