Cuando se trata de vigorexia, las raíces pueden ser profundas y variadas, y reconocerlas sin culpa es un primer paso importante. Desde lo psicológico, es común que aparezcan una baja autoestima, un perfeccionismo exigente o una necesidad intensa de validación por parte de los demás.
En el plano biológico, existen investigaciones sobre desequilibrios en los niveles de serotonina o dopamina, así como posibles predisposiciones genéticas asociadas a conductas obsesivas. Estos factores no determinan por sí solos el desarrollo del trastorno, pero pueden hacerlo más probable cuando se combinan con otras condiciones.
Finalmente, el contexto sociocultural actual también influye de forma significativa. Los ideales corporales que se promueven constantemente en redes sociales, medios de comunicación y el mundo del culturismo tienden a equiparar el valor personal con la apariencia o la masa muscular. Este tipo de presión externa puede generar una profunda inseguridad, llevando a comportamientos extremos en la búsqueda de aceptación o reconocimiento.