Las drogas más comunes en contextos de chemsex son el GHB/GBL (conocido como la “droga del sexo”), la metanfetamina, la mefedrona, la ketamina y los poppers. Estas sustancias, también llamadas drogas sexuales, pueden generar sensaciones intensas de euforia, una falsa percepción de conexión emocional y una reducción drástica de la ansiedad social, lo que puede hacer que los encuentros se sientan más libres o cercanos, al menos en apariencia. Sin embargo, sus efectos no siempre son predecibles ni seguros.
También pueden provocar pérdida de control, lagunas de memoria, confusión, paranoia o reacciones agresivas. El GHB, en particular, conlleva un riesgo elevado de sobredosis, dependencia física y un síndrome de abstinencia que puede ser grave. Por su parte, la metanfetamina y la mefedrona afectan el sistema nervioso de forma severa, y su uso prolongado puede desencadenar crisis psicóticas o daños cognitivos persistentes.